jueves, 24 de marzo de 2011

La lluvia radiactiva nunca cae a gusto de todos


Cebollazo en Chernobyl, 1986 creo.
Aparte de estraperlistas, especuladores y mafiosos de diferente pelaje ¿quién se puede beneficiar de semejante catástrofe?...aparte de los de las energías renovables, claro.
Pues sí, lo ha acertado usted, ¡el tordo! - ese ave migratoria que habita el norte de Europa y evita los rigores del invierno en los países rescatados, o en vías de, por la UE – salvó el pellejo durante varias temporadas en las Baleares. Ese mismo año se prohibió su caza en las islas.
Hubo una remesa importante de tordos que no pudo gozar de estas prebendas ya que a modo de protesta/demostración, cualquier cofradía de cazadores que se preciara organizó comilonas populares de pajaritos fritos y tordos con col, a modo de Don Manuel en Palomares.

2 comentarios:

  1. La explosión de Chernobyl fue una bendición de Dios y nada como la energía nuclear para el futuro del planeta (antes o después de Fukushima). Hay alrederor de la central de Chernobyl un círculo de más de 100 kilómetros de radio en que la naturaleza, sin el hombre que la destruya, ha resurgido tal cual un nuevo jardín del Edén, donde osos y lobos campas a sus anchas y en libertad al fin. ¡Viva el átomo!

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  2. Buena idea, sí, supongo que para salvar el planeta lo mejor es que peten todas a la vez y se vaya la especie humana a tomar por el culo

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